Casa del Teatro

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Casa del Teatro. Son tres palabras que todos hemos oído infinidad de veces sin conocer, quizás, su significado, que hay atrás de ellas, y menos aún, su historia.

Casa del Teatro


Casa del Teatro. Son tres palabras que todos hemos oído infinidad de veces sin conocer, quizás, su significado, que hay atrás de ellas, y menos aún, su historia.

La Casa del Teatro es una institución privada, creada en la década del 20 por iniciativa de doña Regina Pacini de Alvear, esposa de don Marcelo T. de Alvear, por entonces Presidente de la Nación. La acompañaron en esta idea, que tenía por objeto dar refugio y sustento a aquellos artistas carentes de medios, que por razones de edad y salud debían abandonar los escenarios, muchas personalidades, no sólo del teatro sino también de la cultura y la política.


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Se pensaba levantar el edificio en un terreno cercano al Parque Centenario, cuando afortunadamente doña Regina se enteró que el predio de Santa Fe 1243 era propiedad de la Municipalidad de Buenos Aires. Gestionó y logró que el Consejo Deliberante dictara una ordenanza donando ese predio para la construcción de un edificio de diez pisos, según planos gratuitos de Alejandro Virasoro, que, por supuesto, tampoco cobró por la dirección de la obra.

No está demás destacar que el terreno tenía entonces un gran valor, lo mismo que ahora, por su amplitud y su ubicación, lo que hace más destacable el gesto de las autoridades de entonces. Este edificio, luego de mil vicisitudes económicas derivadas de la escasez de fondos, se inauguró en 1938, con la presencia del entonces Presidente de la Nación, Agustín P. Justo, y, por supuesto Marcelo de Alvear y doña Regina, alma mater de la obra. Pero antes hubo mucho que bregar, organizando festivales, solicitando donaciones, programando funciones a beneficio, gestionando exenciones de impuestos, y toda clase de ideas que pudieran aportar los fondos que siempre eran insuficientes.


Casa del Teatro


Vale la pena detenerse en los detalles del edificio, por entonces, como solía decirse, un rascacielos, que descollaba no sólo por su altura, sino por la culminación en forma de pirámide maya, que luce en sus costados una sonriente cara, curiosamente muy parecida a la de don Marcelo.

Alejandro Virasoro fue el principal arquitecto del art-decó en Buenos Aires. Este movimiento, que aunque con antecedentes anteriores en muchas manifestaciones del arte, la artesanía y la industria, puede decirse que es iniciado formal y orgánicamente a partir de la Exposition Internationale de Arts Décoratifs et Industriels Modernes realizada en París en 1925, logró rápida aceptación en nuestro país, influenciado fuertemente por la cultura francesa.

La ornamentación sobria, basada en líneas geométricas, rescatando elementos y valores de culturas orientales, africanas, e incluso, como hemos visto en la cúspide de la Casa del Teatro, precolombinas, causó fuerte impacto en la estética de esos años.

También comenzaron a usarse por esos años muchos insospechados elementos en la construcción, tales como acero inoxidable, luces fluorescentes, carpintería metálica, vitrauxs abstractos, y otras novedades, como la bakelita y algunos antecesores del plástico, que hoy pueden apreciar quienes visiten este gran edificio.

En su planta baja, hoy recortada de la original por la inserción de un local comercial, funciona una sala-museo dedicada a Carlos Gardel, donde se exhiben fotos, objetos y documentación que pertenecieron a nuestro cantor; una segunda sala con toda clase de recuerdos donados por doña Regina Pacini a su fallecimiento, y la biblioteca especializada en obras de teatro, que lleva el nombre de su donante y gran propulsor de la institución: Enrique García Velloso.


Casa del Teatro


En el 2do. y 3er. Piso, y con entrada independiente funciona el teatro Regina; en el 7mo. y 10º el Instituto del Teatro, en el 9º la cocina y comedor, y en los pisos 5to., 6º y 8vo. se alojan los pensionistas.

Vale la pena conocer toda esta historia surgida del amor, la dedicación y el esfuerzo que tanta gente de prestigio y valía brindó durante tantos años en beneficio de quienes, acallados los aplausos y apagadas las luces de las marquesinas, encontraron su casa, su refugio, su hogar definitivo, en la benemérita Casa del Teatro, orgullo de Buenos Aires.

Eterno agradecimiento para esa gran dama que fue Doña Regina Pacini de Alvear, y para quienes la secundaron en tan noble tarea.

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